El confort, ese deseo….

Lo habremos oído más de una vez, también lo habremos dicho:

“Deseo una casa confortable”.

Se dice con un poco de timidez, o de culpa, porque se piensa que el confort está ligado al lujo, o que se desea una casa lujosa, algo difícil de acceder para el común de la gente, como si fuera un privilegio inmerecido. Es verdad que el confort puede ser parte de ciertos lujos, pero no es un atributo necesario de ellos. Sabemos de algunos que fueron construidos para ser exhibidos, pero imposibles de vivir en ellos.

(Foto EquisRoom)

En cambio, si se piensa que el confort es sinónimo de bienestar doméstico y este una necesidad humana básica, un derecho, ese deseo ya no será visto como algo pecaminoso.

El confort no es decoración. Esta tiene que ver con modas que duran un lapso de tiempo limitado.

El confort está ligado a una cultura, a una forma de vivir, la que se considera buena para esta época y esta sociedad.

Hoy en día el confort es:

Una vivienda bien aislada de las inclemencias del tiempo, de los ruidos externos e internos.

Una vivienda construida con materiales que aseguren solidez y transmitan sensaciones agradables.

Una vivienda equipada con el mobiliario necesario y bien diseñado.

Una vivienda con la iluminación natural y artificial adecuada.

(foto vía ivancotado.es )

Una vivienda con instalaciones sanitarias y eléctricas de buen rendimiento y uso sostenible.

Una vivienda cuyas habitaciones brinden privacidad y cuyos espacios comunes aseguren ambiente hogareño.

El confort, en suma, es bienestar, pero también es emoción. La que surge cuando vemos el interior de nuestra casa con las cosas que nos identifican. La emoción que nos hace decir:

“Mi casa, no sé porque, me gusta “

(Foto principal vía www.bow_wow.jp)

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